El uso de psicofármacos, como benzodiacepinas, antidepresivos y antipsicóticos, ha incrementado en las últimas décadas debido al aumento de trastornos mentales como la ansiedad y la depresión (García et al., 2022), ligado también a un sistema sanitario público cada vez más debilitado que apenas tiene tiempo para tratar a todos los pacientes y recurre a la administración de estos fármacos. Aunque estos fármacos pueden ser efectivos en el tratamiento de diversas patologías psiquiátricas, su uso prolongado puede conllevar riesgos significativos, incluyendo la dependencia y el síndrome de abstinencia.
Riesgos de la dependencia a los psicofármacos
Desarrollo de tolerancia y síndrome de abstinencia
La tolerancia a los psicofármacos se desarrolla cuando el organismo se adapta a la presencia del fármaco, requiriendo dosis más altas para lograr el mismo efecto terapéutico (López-Muñoz et al., 2021). Esta adaptación fisiológica puede derivar en dependencia, especialmente en medicamentos como las benzodiacepinas. Cuando se intenta suspender el fármaco abruptamente, se puede desencadenar un síndrome de abstinencia, caracterizado por ansiedad, insomnio, irritabilidad y en algunos casos síntomas físicos severos (Sánchez & Rodríguez, 2023).
Impacto en la salud mental y física
El consumo crónico de psicofármacos puede alterar los mecanismos neuroquímicos del cerebro, afectando la producción de neurotransmisores como la serotonina y la dopamina (Fernández et al., 2020). Además, se ha evidenciado que el uso prolongado de benzodiacepinas y antidepresivos puede estar asociado con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y trastornos del sueño (Pérez & Gómez, 2021). En términos de salud física, los efectos secundarios incluyen fatiga, alteraciones gastrointestinales y problemas cardiovasculares en algunos casos (Martínez et al., 2019).
Riesgo de abuso y politoxicomanía
El abuso de psicofármacos, especialmente aquellos con potencial adictivo como los ansiolíticos y los opioides, puede llevar a la politoxicomanía, es decir, el consumo simultáneo de varias sustancias psicoactivas (Ortega et al., 2021). Este fenómeno es particularmente preocupante en pacientes con antecedentes de abuso de sustancias o con trastornos psiquiátricos preexistentes.
A pesar de que el tratamiento con benzodiacepinas debe ser corto y nunca superior a 3 meses, en muchos casos se sigue recetando durante períodos más largos, a veces incluso varios años, sin necesidad objetiva ni subjetiva determinante (Campagne & García-Campayo, 2005).
El último informe de la Agencia Española de medicamentos y productos sanitarios de 2023 (AEMPS, 2023) recoge la evolución de la utilización de medicamentos ansiolíticos e hipnóticos durante el periodo 2010-2023, concluyendo que fue uno de los grupos farmacológicos más prescritos, no solo en España si no en la mayoría de los países desarrollados. Estas cifras fueron incrementando desde los años 90, llegando a su pico en 2021 y reduciéndose ligeramente desde entonces.
Se dispone de evidencia suficiente que indica que el tratamiento con benzodiacepinas puede provocar el desarrollo de dependencia física y psíquica, incluso con dosis mínimas y tratamientos cortos. De forma general, el riesgo de dependencia aumenta con la dosis y la duración del tratamiento y en aquellas personas que presentan antecedentes de consumo de drogas de abuso o que combinen el fármaco con otras sustancias (Campagne & García-Campayo, 2005).
La retirada de las benzodiacepinas debe realizarse bajo supervisión, ya que el síndrome de abstinencia puede llegar a ser grave. Este síndrome se caracteriza por síntomas como insomnio, ansiedad, pérdida de apetito y de peso, temblores, sudores, tinnitus y distorsiones perceptivas. Un cese abrupto puede ocasionar confusión, psicosis tóxica, convulsiones e incluso una condición similar al delirium tremens (Pérez Gallegos & Hinojosa Aguilar, 2024).
Alternativas terapéuticas a los psicofármacos
Terapia psicológica y abordajes psicoterapéuticos
Las terapias psicológicas han demostrado ser eficaces en el tratamiento de trastornos como la ansiedad y la depresión sin los efectos adversos de los psicofármacos. La terapia cognitivo-conductual (TCC) es una de las más estudiadas y ha mostrado ser efectiva en la reducción de síntomas ansiosos y depresivos (Beck et al., 2022). Otras modalidades, como la terapia de aceptación y compromiso (ACT), la terapia EMDR y la terapia basada en mindfulness, también han ganado reconocimiento en la comunidad científica (Hofmann et al., 2020).
Modificaciones en el estilo de vida
La actividad física regular, una dieta saludable y técnicas de relajación como la meditación y el yoga han demostrado efectos positivos en la regulación del estado de ánimo y la reducción del estrés (Brown et al., 2021). Estudios recientes han señalado que la actividad física tiene un impacto comparable al de los antidepresivos en el tratamiento de la depresión leve a moderada (Smith et al., 2022).
Importancia del apoyo social
El aspecto social desempeña un papel crucial en la recuperación de las personas con algún trastorno mental o dependencia a los psicofármacos. La participación en grupos de apoyo, como los programas de ayuda mutua o las redes de apoyo comunitario, ha demostrado ser efectiva en la reducción del consumo y la prevención de recaídas (Torres et al., 2023). La familia y los amigos también juegan un papel clave en la recuperación, proporcionando un entorno seguro y motivador para la persona afectada. Además, estrategias como el acompañamiento terapéutico y la intervención psicosocial pueden fortalecer la autonomía del paciente y mejorar su bienestar emocional.
Conclusión
La dependencia a los psicofármacos es un problema creciente que requiere una intervención multidisciplinaria. Si bien estos fármacos pueden ser necesarios en ciertos casos, es fundamental promover estrategias terapéuticas alternativas basadas en la evidencia. La implementación de terapias psicológicas y cambios en el estilo de vida pueden contribuir a una reducción en la dependencia de estos medicamentos.
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